Iniciar un relato del Alto Parapety parece una tarea un tanto difícil ya que el pensamiento es demasiado veloz para traducir con las palabras apropiadas tantos recuerdos se agalopan en la memoria.
A pedido de mis hijas, que sobrevalorando mis posibilidades creyeron que podía hacerlo, inicio esta crónica a través de un relato sencillo para que las futuras generaciones de la familia conozcan los orígenes de lo que fue y es esta tierra bendita llamada Alto Parapety.
Nuestra familia compuesta por ocho hijos, 26 nietos y 11 bisnietos hasta la fecha, procede de ese roble tan recio que fue Ernesto y de la inefable madre querida Julia que dedicaron su vida a sus hijos con mucho esfuerzo, sacrificio, penas y alegrías, en homenaje a ellos deseo transmitir ese legado para que los lleven por siempre en el corazón.
Les invito pues, a recorrer a través de estas historias, por un mundo mágico y turbulento, un mundo sepultado por el tiempo.